Detrás de la puerta, en mi antigua casa

Me he dormido en el sofá unos pocos minutos y han bastado para viajar unos 30 años atrás a un momento ficticio en mi antigua casa.

Lo más curioso de todo es que, en el mundo de los sueños, todo es “tal y como era”, aunque sea mentira. Es decir, al despertarme estaba asombrada de recordar ese cuartito de la entrada con todo lujo de detalles. Pero cuando me he puesto a recordar esos detalles que “acababa de ver”, no existían verdaderamente en mi memoria. 

Los recuerdos que tenemos son una mezcla de realidad con emociones y sensaciones que asociamos en su momento a esos pocos detalles reales que nos llevamos en verdad del lugar. Y que se van perdiendo con los años.

Me acordaba de un mueble metálico en el cuartito de la entrada de mi antigua casa que tenía dos cajones, pero no de lo que tenía encima. Recordaba la escalera empinada que pasaba sobre el mueble metálico, pero no de cómo comenzaba la escalera. Tampoco de qué había entre el mueble y la escalera. Una estructura deforme que no sé concretar estaba allí. Pero no hay forma de descifrar qué era en realidad. Supongo que en ese hueco, de un tamaño ahora desconocido, hubo todo tipo de cosas y a la vez ninguna. 

Y lo más gracioso es que en el sueño me escondía detrás de una puerta que no tengo muy claro que estuviese allí. 

Una vista lateral de una escalera antigua en una casa
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