About Carola Clavo

Me gusta tomar nota de mis sueños. Profesionalmente, me dedico al diseño gráfico. En lo personal, tengo múltiples aficiones, algunas a medio camino entre lo profesional y lo personal.

Vistas desde un barco altísimo

Hoy he soñado con vistas. Esta mañana me he despertado, me he vuelto a dormir y esto es lo que se me ha ocurrido.

Estaba en una especie de crucero gigante. Pero muy, muy grande, absurdamente alto. Era tan alto, que una actividad era subir hasta lo más alto y ver las vistas. Un chico moreno, de aspecto árabe, te guiaba hasta ese punto junto a otros dos pasajeros y otra chica. Primero ibas en un ascensor, que iba subiendo hasta donde ni los ascensores podían llegar. Luego te bajabas y había unas escaleras, que iban subiendo. El interior tenía acabados similares a los de un avión. Paneles de plástico color beis, perfiles metálicos claros, de metal cepillado.

Se empezaban a hacer comentarios sobre «la gravedad» y «sensaciones extrañas en el cuerpo» debidas a la gran altura, aunque estuviésemos aún en el interior del barco. No flotábamos, pero es verdad que había sensaciones extrañas.

Una vez arriba del todo, había una especie de trampilla y podías salir a un pequeño espacio. Unos pequeños mástiles con unas luces parpadeantes coronaban el lugar. Tenía una forma indefinida. La trampilla era como una puerta, pero tumbada. Yo le dije al chico que tenía miedo a las alturas, así que salí de allí casi reptando.

Lo ridículo de todo, es que si mirabas a la izquierda, un efecto óptico «que solía ocurrir en ese tipo de eventos» hacía que de repente vieras a la gente, que estaba muy, muy lejos de ti, como si estuvieran justo delante. Recuerdo ver claramente a un niño, muy moreno, que vestía un bañador rojo y azul, jugando con una pelota casi tan grande como él. Parecía una bola de Pilates. Había más niños y personas jugando y caminando a la orilla del mar, en la playa, todos un poco distorsionados por una especie de filtro que hacía los colores más saturados y los tamaños un poco extraños. Se les veía como en una foto quemada en movimiento. La arena era muy dorada, casi marrón. El agua era transparente y les bañaba los pies de forma calma, casi sin fuerza.

Entonces, giré la mirada hacia la derecha, agarrada al suelo de aquello como un lagarto. Y todo cambió. Se veían montones de puntitos de luz y rascacielos, como si los viera desde otro edificio altísimo yo misma. Se veía tan alto, que me recordó a las vistas desde el Burj Khalifa, pero —se supone— desde un barco. No era tan alto, pero prácticamente igual. Ademas era de noche, mientras que en el lado izquierdo, era de día. Volví a mirar al otro lado y vi a la gente que parecía estar allí mismo, delante de mí. Cambié de nuevo. Y otra vez. No sabía lo que estaba pasando, me sentía alucinada y un poco sobrepasada. Mirando al lado «seguro» conseguí reptar hacia la derecha para buscar un lugar donde ponerme y no estorbar. Estábamos todos un poco aterrados, aferrados al suelo, sentados o tumbados. Aunque el guía sonreía despreocupadamente.

El guía nos explicaba lo altos que estábamos (no hacía falta, ya se veía). Y entonces, miramos aún más hacia la izquierda donde vimos la sombra del barco, todo su perfil proyectado en algo que no sé describir ahora, que ya estoy fuera del sueño. ¿Era una nube, un banco de niebla, un efecto visual como el anterior?. Ahora me doy cuenta de que era francamente difícil que hubiese algo más grande que ese barco monstruoso, si ya estábamos viendo edificios enormes como miniaturas. En esa silueta se veía un casco de barco enorme, la forma de la torre de habitaciones, el puente y arriba del todo una pequeña forma que era el habitáculo por el que habíamos salido. Juntando toda esta información, el barco debería tener al menos ¡unos 300 metros de alto!.

lighted ship on ocean at night
Photo by Sơn Bờm on Pexels.com
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Una casa medieval

Hoy, mi madre y yo vivíamos en una especie de casa medieval. Todo era grande, pesado y duro. Los muros eran muy gruesos, al menos de medio metro de espesor. Eran de piedra, y también había texturas como de granito o algo así, aunque eso no sé si existía en el año mil.

La puerta estaba hecha de listones de madera muy gruesos unidos con unos travesaños horizontales, clavados unos enormes clavos metálicos de color negro. Las cabezas eran más cuadradas quie redondas, con forma como de rombo o diamante. Y la cerradura y llave eran enormes, sobre todo la llave era muy larga y fina. La puerta cerraba, pero había huecos entre las maderas y si querías veías el interior. Y encima, se cerraba fatal. Tal era así que en un momento dado me quedé fuera sin llave, pero con solo empujar un poco abrí la puerta.

Tal era así, que se nos metía gente en casa con toda la facilidad. Entró toda una familia con padres, madres, abuelos y varios niños, y una niña pelirroja muy echada para alante se plantó delante de mí y declaró que toda esa patulea de gente “venían a cenar”. Como exigiendo una mesa inmediatamente.

Delante de la casa sí había un restaurante, el típico asador enorme y antiguo. La gente se confundía y venía a nuestra casa.

Así que teníamos que echar a los intrusos restaurante de enfrente. Pero por algún motivo, durante todo el tiempo había una parejita de desconocidos acaramelada en el sofá del salón tomando algo y hablando de sus cosas bajito. Ni idea de quiénes eran o de por qué no los pudimos echar. Tampoco se les hacía mucho caso.

En otro momento, estuve intentando colocar una bombilla en una de las estancias de la casa. Era todo tan viejo y polvoriento. Estaba lleno de polvo, telarañas y muebles de madera oscura y pesada. La bombilla no era solo eso, iba con casquillo y un sistema de poleas de esos que regulan la altura de la luz. Lo compré por Wallapop y estaba muy sucio y viejo todo. Lleno de roña que no se sabe ni qué era. Si era grasa, si era otra cosa. No sabía que hacer con ella, pero estaba todo en general tan viejo y sucio que me puse a intentar instalarla. Por algún motivo se ponía dentro de una especie de armario o vitrina. Estuve intentando frotar todas las piezas con unas toallitas de bebé un buen rato, quitando la porquería. Al final, metí todo en una bolsa de plástico para pensar más tarde lo que haría.

En otra habitación encontré un extraño objeto que era como un cilidro de tela, cerrado por un extremo pero abierto por el otro. Era como un capuchón gigante, muy ancho, pero no muy alto. Recorté por el borde el círculo superior de forma que quedara una especie de pamela o visera (pero sin ningún hueco central). Quería hacer una especie de lámpara con ello y la bombilla que había comprado. Aunque claramente, esa pantalla no iba a caber jamás en el armario, que era mucho más pequeño.

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Aviones

Hoy he soñado con aviones. Y con más cosas, pero hay algo que recuerdo vivamente, porque me desperté y estaba en medio del sueño y la imagen era muy poderosa. Lo bastante para pensar anoche en ello y tratar de recordarlo por la mañana, que es una hazaña para mí. En ese momento, me pareció algo genial.

Estaba en un avión, y no sé por qué estaba en la cabina del piloto. Al menos mi punto de vista era ese, y estaba enfilando la pista para despegar. ¿Era yo piloto de aviones?. No tengo ni idea.

Sea como fuere, me hizo mucha gracia el «sistema» para indicar a los pilotos cómo actuar con el avión (como si no lo supieran, o debieran saberlo). Al final de la pista, más o menos donde el avión debía levantar el morro, unos mecanismos hacían que se formara un avión de humo que despegaba. Duraba unos segundos y volvía a empezar, como un gif animado.

Ni siquiera era realista, era una especie de icono de un avión, pero hecho de humo y enorme, del tamaño del avión, para poder verlo desde el inicio de la pista. Incluso podría confundirse con una simple flecha. Pero mientras soñaba tenía claro que era un avión, aunque al intentar representarlo no soy capaz de crear la misma imagen que veo en mi mente. Era como un colchoncito, pero de nubes densas y regordetas.

Me desperté por algún motivo y no sé cómo acabó el despegue.

Aviones o iconos, no se sabe. Una especie de flecha o avión hecho de humo señala hacia el cielo, al final de una pista de aterrizaje. Parece estar atardeciendo, pero el cielo es de un color desaturado.
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Entrevista de trabajo

Hoy va de trabajo. Me llamaban de una empresa muy grande para que trabajara con ellos. Se trataba de una empresa enorme pero aún así, era más pequeña que en la que estaba trabajando. De todas formas, me acerqué a su sede.

La ubicación

En mi imaginación, la compañía estaba más allá del Paseo Marítimo en dirección a Llucmajor. Podría ser la zona del Molinar, pero no, era una zona imaginaria que estaba al final de un camino alargado y estrecho en una zona verde con vegetación, pero corta. No había maleza, estaba más o menos controlada. No había construcciones ni nada más, solo campo que se extendía a lo lejos.

Al final del camino había un puentecito súper estrecho hecho con maderas y yo iba en un patinete tochísimo, enorme y pesado. Era oscuro y tenía detalles amarillos. Ahora que lo pienso, creo que he visto ese patinete en el aparcamiento donde dejo yo el mío a diario. Es un aparato intimidante y enorme que su dueño suele aparcar en el centro del rack para patinetes, entorpeciendo a todo el mundo. Siempre me pregunto quién y por qué esa forma tan avasalladora de ser. Yo iba con casco y con una especie de trajecito con falda tubo quwe ni me he puesto ni me pondría en mi vida. Llevaba camisa blanca y una corbatita azul oscuro, como el traje. Parecía un traje de funcionaria del ayuntamiento, o algo así.

Como sea, al final llegaba allí y estaba con mi pareja o con mi hermano, no lo recuerdo bien. Tampoco sé cómo es posible que estuviera alguien allí acompañándome si yo iba en el patinete yo sola.

El lugar parecía un mausoleo. Los techos eran altísimos, había grandes y poderosas columnas de mármol. Todos los materiales eran fríos y duros. La gente se movían entre esos espacios como hormigas atareadas y minúsculas. Había algunas vitrinas con muestras, mesas repletas de papeles, sillones, muestrarios de pie y demás. Pero no se veía lleno ni desordenado.

marble interior of bathroom with toilet
Imagen de Vecislavas Popa en Pexels.com

La empresa

Tenía un nombre que terminaba en un apellido, que es el nombre de mi empleador actual y eso lo hacía todo un poco confuso. En un momento dado, en una habitación vi a una chica doblando los uniformes, que solo vestían las mujeres. Ellos llevaban traje, pero no eran parte de un uniforme, sino que se ponían el traje que quisieran. Me recordó a esa política tan machista de El Corte Inglés en cuanto a la vestimenta. Como tantas otras empresas. Lo más chusco es que me pareció bien en el sueño, porque el uniforme de trabajo era similar a lo que yo vestía normalmente y así me ahorraba tener que pensar en qué ponerme cada mañana. La verdad, fuera del sueño me parecería genial también. Aunque solo si fuera para todos, hombres, mujeres y otras hierbas.

Ellos se dedicaban a cosas de baño, al estilo de Porcelanosa o algo así. En realidad trabajé en una tienda de accesorios y mobiliario de baño cuando era joven, así que me debí imaginar que esa tienda se había convertido en un imperio gigantesco, que me llamaba para volver allí.

Recuerdo poco más, pero me estaban convenciendo de dejar mi trabajo actual e incorporarme a su empresa. Estaba dudando porque pensaba que tenía proyectos que terminar en mi ocupación actual, pero me despertaba y pensaba… ¿qué proyectos?

Imagen original de Sora Shimazaki en Pexels.com, modificada por mí.
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De petardeo en Japón

He soñado que estaba en Japón y era una petarda total. Bueno, quiero decir que iba vestida con un quimono rosa y algunos adornos, aunque tenía el pelo muy corto. Estaba allí para participar en una especie de concurso de coreografías. Lo raro de todo es que participaba junto a un viejo que era un científico y participaba conmigo, aunque ahora no recuerdo si haciendo los bailes o no. El viejo tenía aspecto asiático, como si fuera chino o japonés. Con barba blanca y largos bigotes. Vestía una bata blanca de laboratorio bastante larga, y llevaba corbata verde.

Las máquinas de recuerdos

El caso es que habíamos terminado la primera parte del concurso y habíamos ganado, así que nos fuimos dando un paseo para relajarnos un rato. Fuimos andando por la ciudad, que me sonaba de algo, de haber estado en ella anteriormente, aunque en otros sueños. Se parece al equivalente onírico de una zona de mi ciudad donde había un famoso restaurante japonés. Y cuando iba por ese barrio en sueños solía perderme y deambular por calles que eran parecidas. Así que he vuelto a ese lugar imaginario una vez más.

Llegábamos a una zona abierta que era como una plaza alargada y había una especie de máquinas que funcionaban con monedas. Echabas la cantidad indicada y te salía una especie de plaquita o pin extra grande esmaltado con colores vivos y escenas y textos del lugar o alguna temática de Japón. Yo quería uno que tenía unas flores y cerezos y azul del agua y del cielo, pero no me llegaba el dinero. Las máquinas eran como unos elementos poligonales con algunas ranuras e indicaciones, pero todas unidas en esos enormes polígonos. La verdad es que parecían más muebles de cocina o taquillas de instituto que máquinas de vending de Japón. Eran raras. No tenían cristal, ni colores vivos, ni pantallas. Parecían más bien ladrillos gigantes.

people walking on the street
Photo by Aleksandar Pasaric on Pexels.com

Después de darle vueltas a las que había, que eran dos o tres bloques colocados en diagonal en el espacio, solo me llegaba para un pin metálico sin color ni esmalte. Pero entonces abría la trampilla donde dejabas el dinero, que era una especie de hueco cilíndrico, y había cantidad de calderilla dentro y más monedas asomando de la tapa del fondo. Nadie se había dado cuenta y podías coger monedas a puñados. Así que lo hice, aunque era robar, pero no me sentí mal por ello. Parecía algo natural. La gente me miraba alucinada pero al fin, cogían ellos también monedas. Así pude comprar lo que quería y me preparé para volver al concurso o competición. Pero no encontré al anciano. No había manera. No estaba. 

El GPS siempre a mano en “Japón”

Después de muchas vueltas puse la aplicación de mapas para conseguir llegar al concurso de nuevo y apareció una especie de flecha en lo alto, por los cielos, que se creó entre los edificios y era la flecha de los mapas, pero como un objeto físico. Sólo yo podía verla y era muy fácil de seguir. Era como de un material rojo y brillante. El cuerpo de la flecha era un tubo de sección circular. No era plana. La flecha pasaba a gran altura, entre las copas de los árboles y los pisos segundos y terceros de los edificios, a varios metros de altura.

Fui siguiendo la flecha mirando hacia arriba. Me acuerdo de un bloque de pisos cuyos balcones tenían barandillas que eran como peceras con apenas dos o cuatro peces dentro. Eran bloques de cristal con agua, plantas, los peces… pero por algún motivo el edificio estaba inclinado, así que no eran bloques en fila recta, sino que iban colocados de forma ascendiente. Me recordaban a dibujo en píxel art. Eran una especie de fichas de lego gigante que a su vez eran acuarios, colocados escalonadamente de forma que se correspondía con la inclinación del edificio en la cuesta donde estaba construido.

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