Una casa medieval

Hoy, mi madre y yo vivíamos en una especie de casa medieval. Todo era grande, pesado y duro. Los muros eran muy gruesos, al menos de medio metro de espesor. Eran de piedra, y también había texturas como de granito o algo así, aunque eso no sé si existía en el año mil.

La puerta estaba hecha de listones de madera muy gruesos unidos con unos travesaños horizontales, clavados unos enormes clavos metálicos de color negro. Las cabezas eran más cuadradas quie redondas, con forma como de rombo o diamante. Y la cerradura y llave eran enormes, sobre todo la llave era muy larga y fina. La puerta cerraba, pero había huecos entre las maderas y si querías veías el interior. Y encima, se cerraba fatal. Tal era así que en un momento dado me quedé fuera sin llave, pero con solo empujar un poco abrí la puerta.

Tal era así, que se nos metía gente en casa con toda la facilidad. Entró toda una familia con padres, madres, abuelos y varios niños, y una niña pelirroja muy echada para alante se plantó delante de mí y declaró que toda esa patulea de gente “venían a cenar”. Como exigiendo una mesa inmediatamente.

Delante de la casa sí había un restaurante, el típico asador enorme y antiguo. La gente se confundía y venía a nuestra casa.

Así que teníamos que echar a los intrusos restaurante de enfrente. Pero por algún motivo, durante todo el tiempo había una parejita de desconocidos acaramelada en el sofá del salón tomando algo y hablando de sus cosas bajito. Ni idea de quiénes eran o de por qué no los pudimos echar. Tampoco se les hacía mucho caso.

En otro momento, estuve intentando colocar una bombilla en una de las estancias de la casa. Era todo tan viejo y polvoriento. Estaba lleno de polvo, telarañas y muebles de madera oscura y pesada. La bombilla no era solo eso, iba con casquillo y un sistema de poleas de esos que regulan la altura de la luz. Lo compré por Wallapop y estaba muy sucio y viejo todo. Lleno de roña que no se sabe ni qué era. Si era grasa, si era otra cosa. No sabía que hacer con ella, pero estaba todo en general tan viejo y sucio que me puse a intentar instalarla. Por algún motivo se ponía dentro de una especie de armario o vitrina. Estuve intentando frotar todas las piezas con unas toallitas de bebé un buen rato, quitando la porquería. Al final, metí todo en una bolsa de plástico para pensar más tarde lo que haría.

En otra habitación encontré un extraño objeto que era como un cilidro de tela, cerrado por un extremo pero abierto por el otro. Era como un capuchón gigante, muy ancho, pero no muy alto. Recorté por el borde el círculo superior de forma que quedara una especie de pamela o visera (pero sin ningún hueco central). Quería hacer una especie de lámpara con ello y la bombilla que había comprado. Aunque claramente, esa pantalla no iba a caber jamás en el armario, que era mucho más pequeño.

Compartir: