¿Cómo era aquello de soñar con dientes?

Dientes de leche, foto de dentadura de un niño.

Dientes de leche, de Joep Zander.

Esta noche soñé muchas historias mezcladas unas con otras hasta el punto de no saber dónde empezaba una y acababa otra. La peor de todas, la del diente… Uno de los clásicos de la interpretación de sueños es soñar con dientes. Según mi sueño y la clave de la página enlazada anteriormente, puedo verme implicada en negocios fraudulentos. Espero que no sea así, que bastante dinero cuesta tenerlo todo en perfecto estado de revista.

Empecé soñando que mi móvil se había roto por sentarme encima, al tenerlo en el bolsillo. Estaba roto en trozos, pero no se desprendían unos de otros. Era como si se hubiese partido en varios sitios, como los cuadrados de una tableta de chocolate, pero permanecía unido sin dejar de ser una tableta. El cristal de la pantalla cortaba, así que había que tener cuidado. No podía entender cómo se había roto de repente ese día. Así que me puse a caminar para buscar un sitio donde arreglarlo. Recuerdo ver los árboles del paseo de la Rambla y el ambiente urbano. Me sentía perpleja pero no estaba muy preocupada, sólo pensaba en posibles soluciones al inconveniente.

Después recuerdo estar en una casa de varias plantas, muy blanca, muy encalada. Por dentro tenía algunas zonas pintadas de un color naranja, pero no muy intenso. Representábamos una obra en varias zonas de la casa, y al final de la obra nos metíamos en una especie de altillo que se iba estrechando más y más, de forma que había que ir reptando como un gusano en un espacio donde no podrías darte la vuelta, ni ponerte boca arriba si habías entrado boca abajo. Me pareció tan angustioso que renuncié a hacer el final de la obra. No sé quiénes éramos los de la obra. Ahora pienso que no conocía a nadie de los que estábamos allí, aunque en el sueño era gente muy conocida y próxima a mí.

Una de las personas, un chico, se dedicaba a fabricar aparatos de forma casera. Autómatas, mecanismos diversos que podían hacer cualquier cosa. Recuerdo decirle que le iba a decir a mi hermano que se dedicaba a eso porque él buscaba a alguien con esas habilidades y le podía salir trabajo.

Justo después de ese momento, sentí algo molesto en la boca, y resultaba que un colmillo inferior, el de la izquierda, se me había roto. Estaba tan nerviosa por la obra y la parte final en ese túnel angosto, que se apretar los dientes uno se me rompió. Fui sacando trocitos poco a poco del diente, que era grande, y me quedaba un pequeño jirón de carne, como si fuera un nervio que recorriese el interior del diente, de color rosado. La sensación del hilo de carne era desagradable, como cuando eres niño y se te cae un diente. Ese sabor extraño y esa sensación de que tienes un enorme boquete que no puedes evitar rozar con la lengua, a pesar de ser desagradable.

Entonces, en otro lugar por entonces, el chico de los mecanismos nos ayuda a fabricar una máquina muy larga llena de chismes pequeños. La cosa parecía un puesto de mercadillo lleno de trastos, pero era una máquina. En este momento no tengo ni idea de para qué servía la máquina. Quizá para reparar el móvil.

By Sashataylor (Own work) [CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

Cristal roto, via Wikimedia Commons

Lo siguiente que recuerdo es llegar a una tienda de Applecare que tenía un mostrador que daba a la calle, como si vendieran bocadillos o algo así. Todo era de color negro y naranja. En ese momento me preocupa la garantía y que no esté cubierta una rotura que ha sido por mi culpa. Dudo mucho si entregarles o no el móvil y explicarles el caso, como si me lo fueran a quitar por haberlo roto.

Pero afortunadamente, me dan un móvil nuevo en una caja sin tapa, de color gris, con un relieve como de papel. Me recuerda a los fondos grises que usa Apple en algunas de sus webs. Abro el paquete y pienso en no quitarle las pegatinas y vender el móvil como nuevo, pero es molesto usarlo así. Las pegatinas son rígidas y me cuesta pulsar el botón de inicio a través del plástico.

Entonces, voy a ver a mi ahijado a una casa que supongo es la de R, pero aunque muchos niños pasan y suben por las escaleras nunca es él. Son otros niños que entran y salen y suben y bajan por las escaleras del edificio. Hay mucho jaleo, muchas risas, pero yo me preocupo un poco porque no puedo verle.

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