Hoy he soñado con gatitos y al principio era un sueño agradable. Había muchos gatitos pequeños que no sé de dónde habían salido, pero los cuidaba. Había alguien más que no sabía cuántos había y pensaba que se trataba de un solo gatito pequeño. El gatito que estaba en alguna parte de la casa y no aparecía, estaba escondido. Era una casa distinta que no ha salido antes en mis sueños, o no la recuerdo. Y yo, que sabía exactamente cuántos gatos había, aunque ahora me es imposible recordarlo, los iba recogiendo. Los iba amontonando en mis brazos y recuerdo haber ido recogiendo hasta tres. Los cogía de cualquier manera y ellos estaban felices. Eran grises o grises muy oscuros, alguno casi negro. Eran gatitos de menos de 7 meses, con sus colitas disparadas y cortas. Maullaban tan flojito que parecían pajaritos.

En otra parte del sueño llegaba la pesadilla. Mi gata J hacía cosas extrañas, guiñaba mucho un ojo y pensé que algo le molestaba. Cualquier mota, o algo así que a veces les molesta. Pero empezaba a hacer cosas extrañas. Más tarde, en el sueño, yo estaba trabajando en mi ordenador muy concentrada. Entonces, miré hacia la parte izquierda. En la estantería que tengo a mi izquierda estaba J subida en lo alto de la librería. En una altura superior a la de mi cabeza si yo estuviese de pie.
Ella estaba cayendo, como dejándose resbalar desde lo más alto, apoyándose contra los libros y las baldas pero dejándose resbalar como si durmiese. Pero estaba teniendo algún tipo de ataque cerebral o algo así. La recogí mientras se iba deslizando hacia abajo, sin levantarme de mi silla. La deposité entre mis piernas, tumbada sobre su lomo boca arriba, tan pacífica. En una posición en la que sería imposible tumbarla y menos mantenerla por su voluntad.
Su lengua asomaba ligeramente por un lado de su boca y guiñaba un ojo y a veces el otro. En ese momento comprendí que estaba sufriendo una especie de ictus gatuno pero que no sufría ni sentía dolor, simplemente estaba como sonámbula. Me puse a repasar a toda velocidad lo que tendría que hacer, dónde llevarla y cómo íbamos a poder cuidarla adecuadamente si quedaba perjudicada después del evento. Estaba en eso cuando me desperté. Lo más sorprendente es que sentía perfectamente que ella no sufría y ni siquiera yo me sentía tan mal como me sentiría si no fuera un sueño.