Los tubos azules perforados son los protagonistas de hoy. Hace tiempo que no soñaba con un mundo alternativo o tenía uno de esos sueños que parecen películas, pero esta noche ha habido uno nuevo.
Todo comenzaba con que mi madre tenía una persona que la cuidaba, una especie de asistenta para ayudarla un poco en todo. Además, el médico le había prescrito usar un andador. No era como esos que llevan algunas personas con dos mangos, con frenos y un espacio acolchado en el centro donde sentarse o poner algún objeto. Era ENORME. Tenía una estructura similar como base, pero además de esa base rectangular, partían unos vástagos a continuación y se unían en diagonal de forma que toda la estructura en sí se podía elevar y hacer las veces de grúa. Era un aparato bestial. Enorme. Pero todos lo mirábamos con naturalidad y nos parecía correcto.
Además de todo esto, habíamos cambiado la cerradura de la puerta por otra que tenía mayor seguridad y convertía la casa en una fortaleza inexpugnable. El instalador se fue y me puse a probarla. El único fallo era que, aunque la cerradura era durísima y la puerta quedaba totalmente cerrada y bloqueada, se salía el marco de la puerta. Bastaba hacer una ligera fuerza para abrirla, estando cerrada, para comprobar el funcionamiento, y que se desencajara. Sorprendentemente, la puerta en el sueño (con su marco y todo) no pesaba nada. Se salía de la pared, causando una nube de polvo y quedando los bordes astillados, pero podías sujetarla con una mano y zarandearla en el aire, como si nada. Que se salieran tan fácilmente era un inconveniente y me fastidiaba. Chasqueaba la lengua y miraba alrededor pensando cómo solucionarlo.
Estábamos en casa, pero resulta que estábamos en un sitio extranjero. Todo era polvoriento y colorido en el exterior del edificio. Había mucha gente pobre y yo, aún no sé por qué, me hacía pasar por una mujer americana para intentar hablar con la gente local y solucionar lo de la puerta.
Iba hablando con unas personas y otras en una especie de mercadillo, hasta que una niña habló conmigo. Resultó que hablaba español y rizando el rizo, yo me puse a hacer de americana hablando español con acento americano. La niña se hizo mi amiga, pero salió corriendo. Tenía el pelo largo, era menuda y la ropa le venía grande. Llevaba un vestidito malva y una chaqueta vaquera, con las mangas remangadas. Tenía el pelo negro, liso y escaso, y la piel morena. Era muy tímida y asustadiza.
Fui detrás de ella, medio perdiéndola todo el tiempo, y llegué a una casa, pero no la encontraba. En el lugar había una especie de tubos azules. Eran de color claro, azul celeste y estaban perforados con unos agujeros alargados, como rectángulos con ángulos redondeados. Como para que entrase el aire y la luz y diese menos miedo utilizarlos. Yo sabía que tenía que meterme en ellos para encontrar a la niña, que seguramente hacía rato se había metido para ir a alguna parte, me daban mucha claustrofobia. Los tubos azules perforados debían tener un diámetro de 60 centímetros, una vez dentro no había forma casi de moverse. Solo podías reptar por dentro y no había forma alguna de darse la vuelta.
El lugar estaba destartalado y polvoriento. Era como una cueva, pero no era natural, había edificios medio derruidos, un puente, agua en el suelo de tierra. Todo era naranja y amarillo, pero los tubos eran azules, limpios y nítidos. Había un camión allí abandonado y traté de llevarlo y conducir al lado de los tubos para seguirlos sin tener que usarlos, pero los tubos iban por sitios imposibles de seguir. Subían, bajaban, iban en todas las direcciones y un camión era un armatoste inútil en ese momento. Sabía que tenía que meterme, pero no tenía claro dónde acababan y qué podría pasarme.
Sentía mucho miedo pero al final me metí. Intenté reptar y agarrarme a las perforaciones para moverme, pero no lo conseguía. Tenía que dejarme llevar y los tubos me desplazarían sin hacer nada. Pero no quería rendirme a una incógnita, y luchaba por moverme yo, no ellos.
Cada vez iba más deprisa por los tubos azules perforados. Entendí que la apuesta estaba echada y sería lo que tuviera que ser. A veces iban hacia arriba, a veces hacia abajo, los giros eran de 90º, incluso hacían tirabuzones y espirales pero por algún motivo me absorbían hacía delante y yo seguía y seguía a través de ellos.
Después de mucho tiempo allí dentro, vi que salían hacia el espacio exterior. Yo no llevaba ningún tipo de escafandra o traje espacial y los tubos eran simples tubos de un material fino lleno de perforaciones regulares, sin más. Estaba bastante asustada y además podía ver el final del tubo. Se acababa no muy lejos y luego no había nada. Yo no sabía que iba a pasar, pero no podía parar ni dar la vuelta.
Quería dar la vuelta con todas mis fuerzas, pero era imposible girar dentro del tubo de lo estrecho que era y al final salí disparada hacia el vacío.
Después de un tiempo avanzando a toda velocidad por el vacío sin poder hacer nada ví una especie de estructura flotando, era como una nave espacial, Tenía partes transparentes, todo era azulado. Había diversos niveles y dependencias. Todo era curvado en su exterior y protegido con una especie de escudos transparentes.
Me fui acercando a esta nave y traté de agarrarme a ella cuando pasaba a su lado. De repente me paré y y entré dentro atravesando un material que parecía un escudo plástico, pero era blando y se podía atravesar como si no existiera o en vez de plástico estuviese hecho de una especie de luz.
Una vez dentro, encontré a la niña y al instalador de la puerta. Estábamos en una especie de sala muy iluminada, blanca y azulada. Él vestía un jersey grueso de color amarillo anaranjado y tenía la piel muy negra, el pelo muy rizado, pero no me queda claro en el sueño si es de raza negra o no, era un poco indefinido. Me muestran cómo funciona la tecnología de los tubos. Tomaban algún tipo de sustancia, que no recuerdo si era una pastilla, un líquido o un gas. Entonces la materia se volvía maleable y podías adaptarte a cualquier tipo de hueco.
Había un aparador con algo que parecía una botella de cristal transparente colocada de lado sobre una base. Entonces acercaba su mano y metía un dedo en el cuello de la botella. Una vez dentro, el dedo se desdibujaba, se rizaba, se hacía más grande y más pequeño, avanzaba hacia el interior de la botella enrollándose en sí mismo. El resto del cuerpo le seguía y de repente el chico estaba todo dentro de la botella. Podía manipular su cuerpo y dejaba solo la cabeza visible dentro de la botella para poder comunicarse mejor. Yo le miraba completamente asombrada y él, al ver mi cara, empezaba a reírse a carcajadas, porque yo no podía comprender que fuera posible algo tan simple y normal para ellos.
A continuación una simulación de estos tubos azules perforados que he podido crear con una IA.
