He vuelto a soñar de nuevo con mi tía fallecida el verano pasado. Empieza a ser como un sueño recurrente.
En mi mundo onírico, cuando sueño con ella, preparamos su partida, la despedimos o algo similar. Lo más fenomenal es que ella participa. Y en el sueño, todos sabemos que ella es la muerta, incluso ella.
Esta vez estábamos arreglando el piso de mis primos, sus dos hijos, quitando las cosas que hacían del piso la vivienda de ellos tres, para convertirlo en el piso de ellos. Quitábamos toda una serie de elementos que no existen, que yo me he inventado. Casi todo eran cosas fijadas en las paredes.
En el salón recuerdo una tela con una textura que, después de mucho pensar, era como un cubrecama que se usaba siempre en la cama que fue la de mi abuela, en la casa de verano. Estaba sujeta a la pared con alfileres de costura, con la cabeza redonda. Sobre la tela había otros elementos decorativos. También había otros trozos de tela en otras paredes y papeles pintados diversos.
Lo más chusco de todo es que en una habitación estaba ella, tumbada, y hablaba con nosotros pero no se levantaba ni movía del sitio, porque «estaba muerta», lógicamente. Y a todos nos parecía normal. Así que para hacer lo que estábamos haciendo, la cogíamos entre dos, de los hombros y los pies, y la cambiábamos de sitio. Ella se disculpaba por no levantarse a ayudarnos y parecía satisfecha con nuestra maña para cambiarla de sitio.
La situación era tan desconcertante cuando salí del sueño que me ha costado olvidarlo. En verdad es increíble. Pero mientras sucedía, todo era normal. Todos actuábamos con normalidad y la tratábamos con todo el cariño posible, como si estuviese enferma más que muerta. Aún ahora al escribirlo me parece tremendo.