Sueños efímeros y una tarta decorada

Del día de hoy, apenas recuerdo un comercio donde iba a encargar una tarta decorada.

Últimamente tengo sueños muy complejos, donde pasan muchas cosas y aparecen muchos lugares y personajes. Pero así como me despierto asombrada por todo lo que acabo de soñar, desparecen.

Estaba la entrada y dentro, unos de esos mostradores de cristal parecidos a los de las carnicerías. De hecho, los dependientes eran los mismos que los del restaurante “Toque de Queda”. Pero en vez de embutidos y quesos de todo el mundo, su especialidad era la tarta decorada. En este local suele haber gente que va cambiando (camareras, camareros) pero siempre reconozco al chico de la barba. En mi sueño, sin embargo eran dos. Un par de tipos grandes, fornidos, bastante peludos. A veces llevaban una gorra o algún tipo de sombrero. Siempre se les veía barbudos.

Recuerdo que al principio del sueño había hecho un encargo y después suceder varias cosas, volvía otro día para encargar otra tarta. Pero era muy tarde y tenían la persiana medio echada mientras atendían al último cliente. Me extrañó ver que echaban las persianas desde dentro de la tienda. No eran para cerrar la puerta exterior, como sucede habitualmente.

También recuerdo soñar algo de mis gatos que no era muy bueno. Pero así como me desperté, se evaporó y casi estoy agradecida de no recordarlo.

Típico mostrador de una carnicería o pastelería donde guardaban la tarta decorada refrigerada
Típico mostrador de una carnicería o pastelería donde guardaban las tartas decoradas refrigeradas.
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Huevos y caramelos

Sólo recuerdo este detalle de un montón de cosas pero no deja de ser divertido.

El caso es que tenía mucha comida en una nevera gigante, con el tamaño que suele verse en las series de Estados Unidos, pero mucho más llena de cosas, pues había un estante a cada 20 cm de altura, si no más. La nevera por dentro estaba oscura, parecía cualquier tipo de armario, pero no una nevera. Tampoco recuerdo sentir el frío, ni nada. Pero como había comida dentro, se daba por sentado lo que era.

La cuestión es que para coger unos huevos de gallina tenía que sacarlos de unos cubitos de plástico transparentes, con tapa y asa, como los que se usan para la venta de caramelos, palomitas, tomates cherry y otros productos de alimentación. Pero no solo eso, sino que los huevos estaban dentro del cubo pero también protegidos por caramelitos de colores. De hecho los huevos no se veían a primera vista, sino que estaban enterrados en los caramelos. Al intentar sacar los huevos de los cubitos de plástico, los caramelo formaban figuras, como por ejemplo muñecos de navidad, o personajes de papá Noel, con brazos y piernas delgados y largos. Los caramelos rojos formaban las clásicas ropas de papá Noel, los bancos los adornos y la barba, y así todo. El huevo entonces formaba su barriga. Recuerdo volver a meter y sacar el huevo del cubito para ver qué formas tomaban los caramelitos.

 

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