Esta vez he soñado con otro tipo de pandemia, que ojalá no llegue nunca. Era más bien un Apocalipsis al estilo zombie.

Al parecer, el planeta estaba afectado por una infección zombie que se iba acercando cada vez más a mí. La probabilidad de que me alcanzase era cada vez mayor. Las personas infectadas quedaban en una especie de limbo de la consciencia vagando por siempre sin recordar quienes eran, atacando a los demás y esparciendo la infección.
Ante esto, en el sueño tuve que decidir cómo afrontar lo que venía y qué iba a pasar si yo no estuviese. Decidí irme de casa. Esta vez mi casa era una vez más la de siempre. Ya no recuerdo muchos detalles, pero sí decidir por ejemplo si dejar las puertas abiertas para que los gatos pudiesen buscarse la vida, porque no me los iba a llevar conmigo en mi huida. También estuve dándole vueltas a qué iba a hacer con mi madre. No sabía si acercarme a despedirme o no, por si se había transformado ya y pensé en si encerrarla para que resistiera más tiempo segura, si estaba bien. O si no acercarme en absoluto. O cómo controlar su estado remotamente.
La verdad es que fue un sueño terrible y tomé decisiones terribles que ahora no entiendo. Pero era el fin del mundo y la gente corría como loca de aquí para allá, huyendo y escondiéndose para intentar sobrevivir un día más. Mi yo del lado onírico lo daba todo por perdido y trataba de salvar los muebles… los mínimos posibles.