About Carola Clavo

Me gusta tomar nota de mis sueños. Profesionalmente, me dedico al diseño gráfico. En lo personal, tengo múltiples aficiones, algunas a medio camino entre lo profesional y lo personal.

Ensalada de submarinismo, graffitis y trajes antiguos

He recordado varios sueños hoy que componen una curiosa ensalada. Algunos vuelven sobre temas de hace pocos días. Me pregunto por qué aparece tantas veces la idea del submarinismo, del mar, de estar dentro de él. Es curioso.

En este sueño, N y yo nos apuntamos a una experiencia de submarinismo en una isla. Te recogían en unos coches que podían navegar y te llevaban a la zona de la inmersión junto con todo el material. Pero el equipo, que eran varias personas, y el material, que ocupaba mucho, dejaba sólo una plaza disponible en el coche, así que tuvimos que desplazarnos separados, por turnos, en el coche. Era una especie de Seat Panda de los antiguos, pero que podía desplazarse sobre el agua como una pequeña lancha.

 

Seat Panda

Seat Panda clásico, de Schumi4ever (Own work)

La isla objeto de la excusión acuática estaba en medio de la ciudad. En realidad, al verla, era muy pequeña. Quizá tendría unos 20 metros de diámetro, como una pequeña plaza. A su alrededor había agua que circundaba su perímetro y se podía ver cómo la isla tenía una forma puntiaguda, apoyándose la punta en el fondo marino.

A pesar de todo este conglomerado de ideas cutres, todo resultaba divertido y emocionante, realmente me sentía como si valiera la pena toda la historia. Recuerdo la imagen, cuando me tocó mi turno, con N sobre el borde mismo de la isla, mirándome, viéndome llegar en el cochecito. Apenas pudimos coincidir por los horarios estrictos, las normas de seguridad y la falta de medios de la empresa que se dedicaba a la inmersiones.

Más tarde, en otro sueño, estaba en una zona similar a mi antiguo barrio, donde solíamos salir por la noche con los amigos todos los jóvenes del barrio y casi de la ciudad. Era una zona de moda, con mucho glamour en el pasado pero que se había degradado con los años. Había un puesto de comida para vender, que consistía en una gran mesa cubierta con un mantel de tela roja, muy elegante. La mesa estaba llena a rebosar de toda clase de platos y bandejas: pasteles, bocadillos, cupcakes, ensaladas, croissants, hojaldres dulces y salados… Una luz cálida daba un aspecto irresistible a todos los manjares expuestos, e iluminaba la cara del vendedor. Él era un chico alto, algo grueso, rubio, sonriente. Tenía un aire nórdico, pero para mis adentros yo sabía que era español.

Alrededor de la mesa, las paredes, que habían sido blancas alguna vez, estaban cubiertas de grafittis pintados en varias épocas diferentes. El gotelé de las paredes estaba destrozado, con golpes, pintadas, arreglos sucesivos a través del tiempo ejecutados con más o menos gracia. También había una especie de «parches» de cemento liso y muy limpio en sitios diversos, sin orden o sentido alguno. Caminé hacia las escaleras y al empezar a bajarlas, en la planta inferior vi a un chico con el pelo negro y alborotado, muy delgado y sonriente, que hablaba con un señor de uno 50 años, con un bigote rubio. Estaban cerrando un trato por un nuevo grafitti que el hombre mayor se iba a llevar después con parte de la pared, dejando un parche de cemento después. Estaba interesado en el arte urbano y se dedicaba a comprarlo para volver a venderlo, o entregarlo a museos. Les propuse hacer lo mismo en todo el barrio, para poder mejorar el aspecto tan degradado y estropeado que tenía.

Escena de boda, por Francisco Mendieta

Francisco Mendieta (pintura del siglo xvii) [Public domain], via Wikimedia Commons

Más tarde, me reuní con mis amigas de la infancia y juventud, con las que aún tengo contacto a través de internet. Ellas viven en el pueblo de mi madre, a mil kilómetros de aquí. Pero de repente, estaba junto a ellas en un edificio de madera que tenía varias alturas en su interior. Un ventanal enorme delante de todas nosotras mostraba un paisaje impresionante y azulado, con unas montañas picudas, en la lejanía. Estábamos vestidas de época, con trajes y vestidos muy ricos, de aspecto pesado y llenos de bordados y botones forrados en tela, y cosas parecidas. Estábamos representando una obra de teatro al mismo tiempo que hablábamos de nuestras cosas. Recuerdo que apareció un caballero, también caracterizado, y al hablar con él sentí una emoción muy fuerte, pensando que era una persona a la que había estado esperando encontrar desde hace años. Pero no tengo ni idea de quién era.

Después de todas estas aventuras sin sentido, desperté.

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Pasando página con un ayudante de ultratumba

Mi hermano ha pasado unos días en casa de mis primos, que viven en otra ciudad, muy lejos. Como su madre -nuestra tía- falleció hace pocos meses, ha aprovechado también para ayudarles a organizar el piso. Estaba descuidado y lleno de trastos que se podían tirar y hacer limpieza. Pues esta noche he soñado con esa experiencia, pero transformada por el velo del mundo de los sueños. No era un sueño triste, sino de renovación, de abrirse paso hacia lo nuevo superado el duelo. Y teníamos una ayudante de ultratumba.

La casa era grande, mucho más grande de lo que es en realidad, y ahora entiendo que era una casa fantástica, donde se mezclaban ideas del piso donde viven los primos y del piso donde pasábamos las vacaciones en verano y otras temporadas, cuando éramos más jóvenes. Son casas separadas por cientos de kilómetros, pero en mi sueño las he mezclado creando una nueva idea imposible.

El piso era enorme. Justo al entrar un larguísimo espacio se abría hasta el fondo del piso y era como un bar, o un llagar, o algo así. Había una barra larga, que parecía un mostrador. A lo largo de la misma unas finas columnas llegaban hasta el techo. La barra era alargada y recta, con una especie de chaflán en la parte más cercana a la puerta. En el hueco entre el chaflán y la puerta había un espacio completamente lleno de cajas amontonadas, trastos, montones de ropa y arriba del todo, toda clase de botellas de diversos tamaños, etiquetas, épocas y colores. Recuerdo particularmente un juego de varias botellas, marrones y de formas curvas, muy bonitas, que estaban en su soporte que era de metal y madera. Parecía el clásico soporte de botellas de leche, pero muchísimo más pequeño y con botellas etiquetadas que parecían ser refrescos de cola. Era una pieza tan bonita que le dije a mi primo que la guardase, que era incluso decorativa.

Mi otro primo también iba llenando bolsas de basura con ropa que ya no se iba a usar más, para tirarla o regalarla según su estado. Lo más fascinante del sueño es que nos estaba ayudando la fallecida a seleccionar la ropa. Mi tía, que ha fallecido y que en el sueño no debía estar allí porque estábamos tirando o recogiendo sus cosas que ya no iba a usar y era el motivo central de todo, estaba ayudándonos como una más. En mi sueño nos parecía normal.

Recuerdo ver los demás pisos que corresponderían a otras personas de la familia, igual que en la casa de vacaciones. Uno de ellos tenía muchas habitaciones, muy pequeñas y unas pegadas a otras, con pequeños muebles demasiado decorados con festones, bordados y rebordes. Las telas eran de rayas anchas, verdes y blancas o bien azules y amarillas. Las cortinas se echaban sobre los sofás mullidos y las sillas, era un batiburrillo de muebles sin espacios libres en cada pequeña habitación. Las habitaciones estaban tan juntas que no había ningún pasillo entre ellas. Tampoco se veía claro por dónde entrar a ellas ni cómo pasar de una a otra (aunque las podía ver todas de una vez al asomarme).

Desde que mi tía falleció, he soñado muchas veces con ella. Antes de su muerte, no recuerdo haber soñado con ella. Quizá hace muchos años, cuando teníamos más relación, sí soñé con ella, pero no lo recuerdo.

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Aventuras con un niño del futuro

Hoy he soñado con un niño del futuro, aventuras con un niño que tiene unos días de edad. Se trata del hijo de mi cuñada, la hermana de N. Resulta que he soñado que lo raptaban y tenía que ir a rescatarlo. Digo que es un niño del futuro porque hoy tiene apenas días de edad y en mi sueño era un niño de al menos cinco años.

Lo malo es que he tardado demasiado en apuntarlo y ya se me ha olvidado casi todo. Tan sólo recuerdo esto, que le raptaban y que el lugar donde estábamos era nuevo, o al menos no un lugar con el que haya soñado antes. O con el que tenga la sensación de haber soñado antes.

Los colores del sueño eran vivos, había un edificio alto, con las paredes pintadas de un color anaranjado y barrotes negros muy gruesos en las ventanas. Recuerdo trepar por la fachada y otras partes del edificio, que era como un palacio. En algunos momentos era como una especie de castillo, pero en otros parecía una especie de casa de verano. También había cortinas de color rojo granate.

Lo peor de todo es que tenía que esconderme en muchos sitios para que no me encontraran, y visitar una habitación tras otra de aquel sitio para encontrar al niño. No podía pasar por las escaleras centrales ni por lugares que otros pudieran utilizar para evitar ser vista. Así que me pasé todo el sueño trepando por sitios imposibles y sudando la gota gorda hasta que al final, lo encontré.

Para remate de todo el asunto, al final de la aventura el rapto no era tal, sino que un familiar desconocido del que yo no tenía noticias se había llevado al niño. Pero no era verdaderamente un rapto. Así que al enterarme, que fue cuando me desperté, me sentí bastante idiota… ¡Tanto esfuerzo para nada!

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Periodista por sorteo

Hoy he soñado que estaba en la acera que está frente al Corte Inglés y que allí estaba la sede de un periódico muy conocido que está cerca, pero no allí. Había que cubrir puestos de periodista, y buscaban ocuparlos a base de seleccionar gente cualquiera, personas que se ofrecieran y escribieran un artículo sobre un tema determinado y lo llevaran allí.

Había una muchedumbre de gente y el edificio no era como es en realidad. En lugar de los clásicos soportales de la calle, unas escaleras muy amplias y altas ocupaban gran parte de lo que es hoy la acera. Los peldaños se sucedían hacia arriba, estrechándose un poco cada vez, pareciendo el conjunto una escalera romántica de casa de película. Sin embargo la sensación no lo era tanto. Había mucho ruido y voces entremezcladas que no se entendían. Una masa constante de gente que quería subir las escaleras y entrar al edificio del periódico luchaba por hacerlo, pero no podían. Una barrera invisible se lo impedía, y no era física sino de poder, la escalera realmente era una representación del escalafón.

Yo veía toda esta escena desde la parte superior de la escalera. La gente arremolinada al principio de los 10 o 15 peldaños me parecía toda igual, gente de color grisáceo, negro, todo era oscuro, como de piedra. Las siluetas se recortaban contra la luz, a lo lejos, que salía del centro comercial.

A mi derecha, en la parte ancha de la acera, un hombre al lado de una furgoneta antigua, abierta de par en par, estaba esperando los artículos de los aspirantes a periodista. El hombre era delgado, joven aunque com pelo canoso y los recogía o mejor dicho, los admitía según el criterio establecido, que él verificaba. Aunque yo estaba en lo alto de la escalera, fui hacia él para pedirle consejo, dejando a un lado a la muchedumbre, ignorándoles por completo. Recuerdo hablar con él, sacándole algunos comentarios a pesar de que estaba muy atareado con montones de hojas de papel que se le caían de las manos mientras hablábamos. No entiendo por qué, yo quería también acceder a ese puesto, aunque ya estaba en lo alto de la escalera.

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Personas en mis sueños

Es curioso, en mis sueños apenas nunca suele aparecer gente de mi familia, y si aparecen, son familiares lejanos que no veo a menudo, e incluso personas fallecidas. Parece que pasar al otro lado es una garantía para llegar a mis sueños, ¡qué escalofrío!. La mayoría de veces aparecen animales, personajes ficticios, o gente que no puedo identificar, o tiene rasgos mezclados (una cara desconocida que representa a alguien conocido, o al revés).

¿Quién sale en tus sueños?

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Y más curioso aún, ¿quien no sale en tus sueños?

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