Ha sido una noche extraña. Me la he pasado en una tumba. O eso se supone que era. Realmente era como un mini piso cualquiera, pero subterráneo. Constaba de dos o tres habitaciones y todas tenían las paredes de un color indefinido, entre café y crema, no muy oscuro. Además, había molduras y remates en blanco. También había muebles de madera muy oscura y veteada, con aspecto de ser pesados y caros. Una cajonera tenía la encimera de cristal transparente y se podía ver el contenido del cajón superior. Los cajones estaban forrados de tela satinada, brillante, más claro que el color de las paredes, como si fuera seda o algún tejido lujoso.
La verdad es que más que a una tumba, recordaba a la estética de un ataúd. Dentro había objetos que se supone que eran recuerdos de quien fuera el finado… O finada, porque aparte de estar mucho tiempo yendo, viniendo y haciendo cosas, no tengo ni la más remota idea de quién era.
Como decía, se trataba de un espacio subterráneo, y por lo que puedo recordar, se accedía a través de un túnel vertical. La estructura general era como la de una mastaba. Pero no recuerdo nada de cómo era el exterior, ni de cómo se entraba y salía de la tumba al ser la entrada un simple pasillo vertical.
Lo que más recuerdo es que todo parecía muy elegante y la pintura estaba perfecta. Las molduras estaban totalmente blancas y relucían. Había detalles de mármol blanco. Todo estaba cuidadísimo, al extremo.
Pero no tengo ni idea de cómo llegué allí, ni de cómo salía y entraba de la tumba, ni de cuáles eran realmente mis funciones o la relación con la persona fallecida. De hecho, tampoco recuerdo que hubiese nadie enterrado al final. Era como una vivienda pero… para muertos. Como un ataúd de 40 metros cuadrados. ¿A lo mejor la muerta era yo?




