Hoy he soñado que nos íbamos a vivir a un piso lujoso en una zona bien de una ciudad. No era nuestra ciudad, pero las vistas bien podían ser de la zona de Camp de Mar, donde hace años, estuvimos en un pequeño apartamento de una amiga de la familia. Sin embargo, este piso no tenía nada que ver, era enorme. La altura del techo del piso era como de dos o tres plantas. La pared que daba al mar, era toda de cristal, por lo que se veía todo el exterior.
El perfil de la montaña era abrupto y algo más abajo estaba la piscina y los «trasteros». Eran una serie de plataformas sujetas por los lados a unos soportes con una forma ovalada. La idea es que en la plataforma ponías lo que deseabas guardar, y para acceder giraban como una noria, de forma que se movían para llegar a las más altas sin subirte a la estructura. Casi todos los vecinos tenían cajas de plástico y sobre todo, esos cofres o baúles que se sujetan a la parte superior del coche. Tenían uno o dos. Recuerdo que uno estaba abierto y tenían dentro una colchoneta enorme de color naranja y amarilla y trastos para el verano.
Lo primero que pasó al llegar fue triste, porque íbamos con Jackie y no sé ni cómo, se escapó. Se fue corriendo y no hubo forma de correr detrás de ella para cogerla. Tampoco volvió, ni respondió a las llamadas, ni a nada de lo que intentamos.
El tiempo era soleado, pero hacía frío. Al principio creía que la casa era nuestra. Luego, que era alquilada. Finalmente, era de una pareja que nos la había dejado un tiempo indeterminado. Tenían un hijo (o hija) que se bañaba en la piscina, y yo jugaba como si fuera mío, pero nada de todo aquello era mío, y esto me hacía sentir extraña.
En el sueño recuerdo que aparecían multitud de animales de toda clase, por todas partes, incluso algunos se metían en el piso, pero desde que huyó Jackie ella no volvió a aparecer, ni tampoco ningún gato. Sólo me pareció ver uno, pero le daba mucho el sol y me costaba diferenciar si era un perro o un gato.