El asesino del lujo

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Un sueño «peliculero» y de lujo, con muchos personajes y detalles.

Todo empezaba con un coche de lujo que yo compraba a precio de risa en una subasta o algo así. Al parecer el coche apenas tenía el rodaje hecho, muy pocos kilómetros, y se vendía. Era un modelo un tanto antiguo de BMW, azul y en tonos oscuros. El maletero estaba forrado de negro por dentro, no parecía de serie. Era como una personalización. Salí con el coche hacia el taller mecánico Palmer para que revisara los líquidos y el estado de los neumáticos. Había varios coches a la entrada del taller y me acerqué demasiado y rocé con los plásticos a los demás coches. Pero al final no pasó nada.

La casa

Dentro del coche había una serie de objetos. Entonces, el sueño nos llevó a una casa espectacular. En ella, había una serie de objetos que parecían valiosos y en algún momento nos dimos cuenta de que todo era una especie de trampa muy bien presentada. En la casa, a la entrada, había una especie de mueble hecho a medida de material negro, con unos altavoces incorporados como los de los conciertos. Además tenía unos compartimentos y cajones. En la parte más alta había una serie de cajas o bandejas que eran para un gato, que podía vivir allí y hacer sus cositas pero la verdad, la arena no tenía un acceso del todo fácil sin que una persona abriese una tapa, por lo que empezamos a sospechar que había intenciones ocultas en todo aquello. En otra parte del mueble a medida estaba oculto el router y la instalación de internet. Tomamos fotos y las enviamos aprovechando el wifi de la casa. Había elementos diversos que parecían de valor y también otros que no, como algunos globos de color morado. Algunos estaban pinchados, otros aún sin hinchar.

Se me ocurrió que alguno debía tener saliva de la persona que había organizado todo aquello. Nos reunimos con la policía, dos agentes de paisano, en un bar con terraza y llevé algunos objetos que encontré en el mueble. Había unos cigarros y un mechero entre otras cosas, y un desconocido me pidió fuego y quiso comprar algunos objetos muy vehementemente a lo que yo me negué, porque los necesitaba para la investigación. La persona se fue muy contrariada. Me causó mala impresión y sospeché que era el asesino. Avisé a un policía y nos fuimos de allí. Cuando estábamos en la mediana de la calle en frente de la terraza, el asesino apareció por otro lado para intentar recuperar los objetos de nuevo.

El asesino

Era un chaval bastante joven que vestía una especie de chándal de colores claros, con barba de dos o tres días y ningún aspecto de ser peligroso, pero lo era. Aspecto de lujo, poco.

Recuerdo dar aviso a un policía de uniforme justo antes de despertar cuando el asesino volvía hacia mí con quién sabe qué intenciones.

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Cables, agua y electricidad en la pared

Cables, por Vivien Guéant (Wikimedia Commons)

By Vivien Guéant [CC-BY-SA-3.0], via Wikimedia Commons

Esta noche he soñado con cables y con lugares del pasado y familia. Estaba una vez más en la que fue la casa de mi tía, con mis primos. Ellos viven allí en la actualidad y la casa estará igual que entonces, pero en mis sueños representa más bien un lugar del pasado, aunque en mi sueño todo sucedía en la actualidad.

No sé por qué yo estaba allí, durmiendo, o viviendo, pasando una temporada. El caso es que nada se parecía a la realidad, ni la distribución de la casa ni las habitaciones ni el aspecto en general. Pero dentro de mí, era esa misma casa y ya está. El sueño era en colores marrones y turquesas, es una de las veces que recuerdo los colores del sueño. En una de las habitaciones había varios tipos de suelo que representaban la antigüedad de la casa, o eso pensé yo mientras soñaba. Recuerdo mirar el suelo y sorprenderme de lo antigua que era la casa por los tipos de suelo diferente que había en un mismo espacio reducido. Había tarima de madera, u suelo como de piedras o guijarros en el cemento, y otro que no recuerdo, quizá baldosas. Todos en franjas en apenas un metro, en la entrada de aquella habitación.

Recuerdo vagamente estar en la cama y vestirme y que me sucedieran cosas con la ropa. Entonces, algo me hizo saltar de la cama e ir a esa habitación a ver lo que sucedía. Oía una especie de chispazos eléctricos. Y resultaba que, bajo la ventana, que estaba abierta, había una caja de empalmes. Era de cable telefónico y estaba un tanto suelta. La caja era profunda, atravesaba el muro y daba al exterior, y se veía cómo la luz del exterior atravesaba los bordes, aunque en pequeña medida. La caja daba chispazos y saltaba, dentro del poco margen que había en el hueco. Mis primos estaban por allí y fuimos los tres a ver qué pasaba. La habitación tenía las paredes de un tono azul, un poco turquesa y parecía que estaban forradas de tela. Es una tela que me resulta conocida, pero no sé ubicarla. De la caja salían tubos en varias direcciones que llevaban los cables y tanto la caja como los tubos rezumaban agua mientras sonaba la electricidad que se peleaba con los cables. Daba un poco de respeto, peor mientras lo miraba pensaba que si eran cables telefónicos no podían sonar así ni debían dar calambre si los tocábamos. Es algo de lo que en la realidad no tengo ni idea. Dentro de la caja había una caja más pequeña, de forma redonda, de la que salían los cables en cuatro direcciones. Los cables eran de colores: rojos, verdes, negros. Las chispas salían de los bordes de la cajita redonda y el agua caía alrededor.

No recuerdo en qué quedó la cosa… Ni el arreglo que tuvo. Queda en el misterio como el sentido u origen de todo esto.

Sueño apocalíptico, cómo no

El sueño apocalíptico de hoy tuvo dos partes. La primera parecía una película romántica de sábado por la tarde, con tintes criminales. Una chica y yo competíamos por un chico y la otra era una asesina capaz de todo. Al final «ganaba» yo, aunque realmente no era yo. Pero me identificaba con esa persona, por la razón que fuera.

Al final de ese sueño empezaban a pasar cosas que enlazaban con la segunda parte.

Un mundo apocalíptico, una vez más

Recuerdo una escena en la que una chica, atacada por su mascota, necesitaba utilizar un presunto kit de emergencia que consistía en un soporte que se colgaba de la pared exterior de la casa, que era un muro de unos cinco metros de alto, donde había un gancho. Ahí se colocaba el artefacto que era una especie de asiento en el que te colocabas y esperabas a que pasara el peligro. Abajo del muro pasaba la calle y había coches aparcados. Yo estaba en mi coche y la veía, pero mi coche no funcionaba bien. Era una especie de descapotable muy pequeño. Ella estaba allí colgada y yo quería subir a ayudarla. Iba por la casa, descendiendo por las escaleras interiores del edificio. Entonces, me encontraba con el gato que había atacado a la chica, que estaba en el piso inferior con una señora mayor. Podía oír los ataques de otros animales, más lejos.

En ese momento, una águila se había vuelto loca y volaba fija hacia la casa y se estrellaba en la terraza.

Más adelante, en otra parte del sueño, estábamos en una casa viviendo N y yo con mis padres y mi hermano. N acababa de llegar con bastante esfuerzo: Venía andando, pero los ataques le hicieron dar la vuelta y coger una bici para poder llegar vivo. Era un piso pequeño y alto. Todo se empezó a volver muy loco y comenzaron a aparecer extrañas criaturas gigantes, además de los animales normales que habían enloquecido también. La luz les atraía y tratábamos de pasar desapercibidos como podíamos. Teníamos una manta descolgada por el cristal de la terraza, que se parecía al cielo, oscura con manchitas, como si fueran estrellas. En algún momento, una especie de lechuza se chocó contra el cristal haciendo un agujero. N la recogió. Por suerte se mató del golpe sin herir nadie.

Yo intentaba trabajar con el portátil en una mesa, pero no veía nada y necesitaba conectar algo, y entonces encendí la luz de la pared, justo encima de la mesa. Era un pequeño tubo fluorescente. Corriendo, cogí un trapo y lo apreté contra el tubo con todas mis fuerzas para ocultar la luz, deseando que nada de fuera lo hubiese visto encenderse.

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Photo by Min An on Pexels.com

Mi padre, sacando pecho

El único que desafiaba al nuevo orden era mi padre, que estaba vivo, como si tal cosa y en el sueño formaba parte de nuestro grupo. Estábamos en el mar entonces, y teníamos una lancha rápida que debía ser de los pocos aparatos que funcionaban.

El mar estaba lleno de monstruos. En un extremo lejano había una especie de boca negra de donde salían los monstruos que asolaban el planeta y las energías que habían estropeado todo y vuelto locos a los animales normales. Tenía la forma de un arco, bajo y ancho, oscuro. De allí salía todo y nosotros íbamos directos hacia esa garganta a desafiar al origen del mal, fuera lo que fuera. Yo lloraba en la lancha agarrándome al suelo del bote y suplicando a mi padre que no se metiera allí dentro. Le rogaba que nos fuéramos, pero él se reía a carcajadas y no me hacía caso.

Todo dentro de la boca negra era negro y gris, incluso la luz. Se veían sombras de cosas extrañas que iban por el agua agitada. Parecía que hubiese unos rápidos, como en un río. Nosotros hacíamos curvas y navegábamos a toda velocidad por la superficie del mar oscuro, hacia dentro de la garganta oscura.

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«Vientre de alquiler» para presidente de gobierno

¡Hoy he soñado que querían que fuese «vientre de alquiler» para Sarkozy! Debe ser de los disparates más grandes que han pasado por mi cabeza.

Se ve que la relación con su mujer estaba rota, aunque aún no era público, y por otro lado, además la edad no perdonaba. Así que con alguna excusa que no recuerdo, me llevan a vivir a una casa, con un jardín. Yo al principio no me doy cuenta del plan, pero acabo viéndolo claro. Lo preparan todo para cuando él venga, pero al final no acaba de suceder, y aunque hablamos algunas veces, el propósito de todo no se materializa.

Entonces me asignan un asistente que al principio se presenta como alguien que me ayudará en todo; a hacer la compra, a mover algún mueble, a lo que se me ocurra. Pero por lo visto sólo quiere caerme bien para acercarse a mí y embarazarme (él) de Sarkozy cuando menos me lo espere. Ya me gustaría saber cómo me van a convertir en vientre de alquiler sin yo saberlo.

Recuerdo en otros momentos sueltos mi lucha para zafarme de ese personaje y estar en el jardín buscando helechos entre la maleza. Por algún motivo, que hubiese estas plantas era una ventaja para mí. Quizá este sueño refleja la lucha nocturna contra un mosquito que me ha molestado toda la noche, intentando picarme.

Nota: Este borrador estaba en mi blog esperando desde el 13 de mayo de 2013. Ahora que se habla tanto de la vida privada de Hollande veo que casi acierto en la ruptura en mis sueños, je, je.

No puedo no poner este vídeo desopilante sobre la palabra «pregnant» en inglés. Bueno, esa no sale.

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Un sueño recurrente de muerte y cambio

Las muertes

He vuelto a soñar de nuevo con mi tía fallecida el verano pasado. Empieza a ser como un sueño recurrente.

En mi mundo onírico, cuando sueño con ella, preparamos su partida, la despedimos o algo similar. Lo más fenomenal es que ella participa. Y en el sueño, todos sabemos que ella es la muerta, incluso ella.

Esta vez estábamos arreglando el piso de mis primos, sus dos hijos, quitando las cosas que hacían del piso la vivienda de ellos tres, para convertirlo en el piso de ellos. Quitábamos toda una serie de elementos que no existen, que yo me he inventado. Casi todo eran cosas fijadas en las paredes.

En el salón recuerdo una tela con una textura que, después de mucho pensar, era como un cubrecama que se usaba siempre en la cama que fue la de mi abuela, en la casa de verano. Estaba sujeta a la pared con alfileres de costura, con la cabeza redonda. Sobre la tela había otros elementos decorativos. También había otros trozos de tela en otras paredes y papeles pintados diversos.

Lo más chusco de todo es que en una habitación estaba ella, tumbada, y hablaba con nosotros pero no se levantaba ni movía del sitio, porque «estaba muerta», lógicamente. Y a todos nos parecía normal. Así que para hacer lo que estábamos haciendo, la cogíamos entre dos, de los hombros y los pies, y la cambiábamos de sitio. Ella se disculpaba por no levantarse a ayudarnos y parecía satisfecha con nuestra maña para cambiarla de sitio.

La situación era tan desconcertante cuando salí del sueño que me ha costado olvidarlo. En verdad es increíble. Pero mientras sucedía, todo era normal. Todos actuábamos con normalidad y la tratábamos con todo el cariño posible, como si estuviese enferma más que muerta. Aún ahora al escribirlo me parece tremendo.

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