Una máquina para leer los sueños

Según he leído en esta noticia, han conseguido leer los sueños y predecirlos mediante una técnica en la que analizan la actividad cerebral antes de la fase REM y la comparan posteriormente con el momento del sueño, descifrando el patrón a la inversa. Parece fácil simplificando el sistema, pero no deja de sorprenderme el funcionamiento del cerebro, que básicamente activa las mismas áreas para hacer algo, al recordarlo o al soñarlo.
Me encantaría que me sirviese para imaginar que hago ejercicio sin hacerlo realmente, pero creo que no tendré suerte.
Me llama la atención el final del artículo:

«Todavía está por ver si los científicos se representan como una especie de película»

Aunque al despertar todo parece una película, no tengo muy claro algunas veces si es así, porque las cosas que experimento se parecen más a recuerdos que a experiencias. Cuando es a una persona y tiene una cara que desconoces, pero a su vez sabes de quien se trata, y también que no es esa su cara, eso supera cualquier retrato gráfico. Cualquier película. Hay más información de la que se ve, que se comprende de manera sutil, como si adquiriéramos conocimientos que nadie nos cuenta, ni sabemos, de forma milagrosa. Entonces es como un recuerdo imaginado, como una visión con meta datos emocionales donde recibimos más que lo puramente visto u oído.

«Los sueños podrían carecer de detalles como el color o la textura. Y el tiempo podría estar comprimido o distorsionado cuando soñamos».

No soy capaz de recordar con certeza si sueño en color, aunque diría que sí. Sin embargo no recuerdo soñar con olores. Acerca del tiempo, siento que sueño muchas cosas en poco tiempo. Si en una noche pasamos pocos minutos soñando, en estado REM, y al despertar recordamos sucesos que parecen haber pasado en tiempo real, algo no concuerda. Personalmente creo que sí, que el tiempo se distorsiona.

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¿Cómo era aquello de soñar con dientes?

Dientes de leche, foto de dentadura de un niño.

Dientes de leche, de Joep Zander.

Esta noche soñé muchas historias mezcladas unas con otras hasta el punto de no saber dónde empezaba una y acababa otra. La peor de todas, la del diente… Uno de los clásicos de la interpretación de sueños es soñar con dientes. Según mi sueño y la clave de la página enlazada anteriormente, puedo verme implicada en negocios fraudulentos. Espero que no sea así, que bastante dinero cuesta tenerlo todo en perfecto estado de revista.

Empecé soñando que mi móvil se había roto por sentarme encima, al tenerlo en el bolsillo. Estaba roto en trozos, pero no se desprendían unos de otros. Era como si se hubiese partido en varios sitios, como los cuadrados de una tableta de chocolate, pero permanecía unido sin dejar de ser una tableta. El cristal de la pantalla cortaba, así que había que tener cuidado. No podía entender cómo se había roto de repente ese día. Así que me puse a caminar para buscar un sitio donde arreglarlo. Recuerdo ver los árboles del paseo de la Rambla y el ambiente urbano. Me sentía perpleja pero no estaba muy preocupada, sólo pensaba en posibles soluciones al inconveniente.

Después recuerdo estar en una casa de varias plantas, muy blanca, muy encalada. Por dentro tenía algunas zonas pintadas de un color naranja, pero no muy intenso. Representábamos una obra en varias zonas de la casa, y al final de la obra nos metíamos en una especie de altillo que se iba estrechando más y más, de forma que había que ir reptando como un gusano en un espacio donde no podrías darte la vuelta, ni ponerte boca arriba si habías entrado boca abajo. Me pareció tan angustioso que renuncié a hacer el final de la obra. No sé quiénes éramos los de la obra. Ahora pienso que no conocía a nadie de los que estábamos allí, aunque en el sueño era gente muy conocida y próxima a mí.

Una de las personas, un chico, se dedicaba a fabricar aparatos de forma casera. Autómatas, mecanismos diversos que podían hacer cualquier cosa. Recuerdo decirle que le iba a decir a mi hermano que se dedicaba a eso porque él buscaba a alguien con esas habilidades y le podía salir trabajo.

Justo después de ese momento, sentí algo molesto en la boca, y resultaba que un colmillo inferior, el de la izquierda, se me había roto. Estaba tan nerviosa por la obra y la parte final en ese túnel angosto, que se apretar los dientes uno se me rompió. Fui sacando trocitos poco a poco del diente, que era grande, y me quedaba un pequeño jirón de carne, como si fuera un nervio que recorriese el interior del diente, de color rosado. La sensación del hilo de carne era desagradable, como cuando eres niño y se te cae un diente. Ese sabor extraño y esa sensación de que tienes un enorme boquete que no puedes evitar rozar con la lengua, a pesar de ser desagradable.

Entonces, en otro lugar por entonces, el chico de los mecanismos nos ayuda a fabricar una máquina muy larga llena de chismes pequeños. La cosa parecía un puesto de mercadillo lleno de trastos, pero era una máquina. En este momento no tengo ni idea de para qué servía la máquina. Quizá para reparar el móvil.

By Sashataylor (Own work) [CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

Cristal roto, via Wikimedia Commons

Lo siguiente que recuerdo es llegar a una tienda de Applecare que tenía un mostrador que daba a la calle, como si vendieran bocadillos o algo así. Todo era de color negro y naranja. En ese momento me preocupa la garantía y que no esté cubierta una rotura que ha sido por mi culpa. Dudo mucho si entregarles o no el móvil y explicarles el caso, como si me lo fueran a quitar por haberlo roto.

Pero afortunadamente, me dan un móvil nuevo en una caja sin tapa, de color gris, con un relieve como de papel. Me recuerda a los fondos grises que usa Apple en algunas de sus webs. Abro el paquete y pienso en no quitarle las pegatinas y vender el móvil como nuevo, pero es molesto usarlo así. Las pegatinas son rígidas y me cuesta pulsar el botón de inicio a través del plástico.

Entonces, voy a ver a mi ahijado a una casa que supongo es la de R, pero aunque muchos niños pasan y suben por las escaleras nunca es él. Son otros niños que entran y salen y suben y bajan por las escaleras del edificio. Hay mucho jaleo, muchas risas, pero yo me preocupo un poco porque no puedo verle.

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Redes: El inconsciente y los sueños (II)

Como decía hace muy poco en esta entrada, vi un programa en Redes donde se hablaba de los sueños y el inconsciente, que no es tu cuñado ni el señor del bar que sale contentillo cada tarde, sino esa parte de nosotros que se ocupa de casi todo lo que hacemos a lo largo del día sin darnos cuenta.

Sin embargo, no es que tengamos un lado automático que no podamos controlar en absoluto. El inconsciente se alimenta de nuestra parte consciente, de lo que hacemos voluntariamente. Eso explica, por ejemplo, Arturo Goicoechea en uno de mis blogs favoritos, donde habla frecuentemente del dolor crónico sin lesión aparente y de las experiencias previas y los datos que manejamos, incluido nuestro sistema de creencias, que hacen que sintamos dolor en un tejido sano, tras evaluar inconscientemente que hay probabilidad de daño real. Basándonos en nuestra experiencia anterior o nuestra cultura sobre el dolor y creencias asociadas, sin comerlo ni beberlo, lo mismo nos duele la cabeza que soñamos que caminamos por un camino que se estrecha cada vez más.

Nunca me ha atraído la visión exageradamente negativa de Freud sobre el inconsciente, aunque sí la idea de que todo lo que vivimos y pensamos, solos y en comunidad, crean un poso en nuestra mente, sin valorar en si sólo funcionan las emociones negativas o reprimidas, ni son buenas o malas.

Tampoco creo -humildemente, pobre de mí, sin una carrera que llevarme a la boca- que todos los sueños encierren un mensaje de nuestro inconsciente más allá de «así es como piensas tú cuando no piensas». Quizá si haya un mensaje más claro en los sueños recurrentes. Quizá los sueños de cada día son una mezcolanza de ideas y restos de recuerdos de lo vivido a lo largo del día. No lo sé.

Las claves que nos recomienda el psiquiatra José Luis Fernández Sastre en el programa para interpretar los sueños son:

  1. Recoger al despertar lo que recuerdes del sueño (en mi caso, a veces da para mucho).
  2. Recuerda lo que más te ha impactado y qué emoción iba ligada al sueño.
  3. Busca símbolos recurrentes en tus sueños.
  4. Contextualiza el sueño en tu momento vital.

Pero mejor ver el programa, que está muy bien.

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Soñando con el protagonista de Dexter

Hay sueños de los que no te querrías despertar. Hoy he soñado con Michael C. Hall, el actor que protagoniza la serie Dexter. Estaba en mi ciudad por cuestiones de trabajo, pero quería salir con alguien un rato en su tiempo de ocio, así que buscando a personas a las que le gustase su serie en la zona, resulta que salí yo. No se de qué forma ni cuál era el mecanismo, porque no formo parte de ningún club de fans precisamente. Pero da lo mismo, porque lo importante es que me tocó a mí.

Michael C. Hall,

Michael C. Hall, «Dexter»

Era muy simpático y cercano, una persona realmente agradable y divertida con quien pasarías horas y horas. Pasamos un día juntos y después otro, y nos caímos muy bien y bueno, el sueño se volvió bastante romántico. ¿He dicho ya que yo no tengo sueños lúcidos? Pues así es, yo no hice nada, realmente las cosas ocurrían así. Las sensaciones eran alegres y positivas, no había claroscuros.

Estaba enamorada como una tonta y deseando contárselo a mis amigas, pero no me atrevía. Recuerdo soñar que miraba nuestro chat móvil preferido y hacía insinuaciones muy, muy sutiles de forma que ninguna se daba cuenta de nada. Para mis adentros pensaba, «chica, pareces tonta, díselo, díselo». Pero nada. M estaba tratando de apuntarse a una carrera popular y tenía problemas con un código QR, así que fui donde estaba ella para ayudarle, y le preguntaba si era un JPG, y si podía usar un GIF. Ella me dijo que estaba enviando un GIF a 32. (Me extraña tanto que ella pudiese saber qué es eso, que forma parte de mi trabajo. Un día se lo tengo que preguntar). Estábamos en una calle que hacía una cuesta exagerada hacia arriba, donde había dos colas de personas para apuntarse a la carrera.

También recuerdo brevemente soñar con unas extrañas escaleras mecánicas o automáticas muy estrechas, en las que había que meterse para ser transportado de un nivel a otro inferior de la zona donde estaba. Recuerdo que me equivocaba y en vez de ir por las estrechas de color naranja, me dejaba caer en unas más estrechas aún de color negro, que te llevaban directamente a un cine que había allí, uno de esos cines con películas muy selectas para cinéfilos, con un aire un poco soberbio y por qué no decirlo, bastante gilipollas. De alguna forma estaba atrapada en la cinta equivocada y apenas cabía en ella, de forma que no podía salir y el chico del cine me miraba un poco extrañado, por mi error y porque no quería saber nada de arreglar mi problema, que no era asunto suyo. ¡Él quería cobrarme la entrada y punto!.

Mientras tanto, el bueno de Michael y yo éramos felices, comíamos perdices y me había dejado su coche y su moto, porque yo no tenía ninguna de estas cosas, y yo me pasaba el día por ahí con el coche de paseo, haciendo todo lo que quería. Vivía en un bloque de pisos de muchas alturas, y los vecinos me preguntaban por mi pareja, «el famoso de la tele». Y yo cogía las llaves del coche y me iba, altiva. Un día, al vestirme, sólo encontré una ropa un tanto curiosa. Una peluca de media melena lisa, una falda corta y una chupa. Parecía una macarra, así que me fui a coger la moto. Pero cuando llegué a ella, resultó ser una moto de las de los niños, que están fijas sobre un soporte y no van muy lejos. Me quedé muy sorprendida. Quise guardar algunas cosas en el maletín trasero de la moto, no sé con qué propósito, pero decidí no hacerlo porque no podía llevarme la moto, y me fui de nuevo a por el coche, para ir a ver a mi Michael.

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Redes: El inconsciente y los sueños

En el próximo capítulo de «Redes«, en la sección de Elsa Punset, se habla brevemente sobre los sueños y el significado qué pueden tener. Se dan, desde el punto de vista de la psicología, unas claves para aprovecharlos o intentar relacionarlos con las circunstancias de nuestra vida para comprender qué nos dice el inconsciente (si es que nos dice algo).
También se habla de los sueños lúcidos, que es la habilidad de algunas personas para darse cuenta de que están soñando y tomar las riendas del sueño, incluso de modificarlo a su gusto. Conozco algunas personas que son capaces de hacer esto, pero por desgracia no es mi caso. Nunca he podido darme cuenta de que estoy soñando y me tengo que contentar con el destino de mi sueño tal y como sucede. Al parecer es posible llegar a aprender a hacer esto, aunque entonces, ¿qué gracia tiene soñar y dejarse llevar por ese mundo absurdo de los sueños? ¿Puede alguien decidir si manipular o no su propio sueño, o se trata de un viaje sin vuelta atrás?.
Mientras aparece el vídeo de este fragmento del programa, comparto el avance del mismo. Después, un vídeo del mismo programa de otra sección en la que jóvenes o niños envían sus preguntas al programa.
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