Una presunta tumba muy bien terminada

Ha sido una noche extraña. Me la he pasado en una tumba. O eso se supone que era. Realmente era como un mini piso cualquiera, pero subterráneo. Constaba de dos o tres habitaciones y todas tenían las paredes de un color indefinido, entre café y crema, no muy oscuro. Además, había molduras y remates en blanco. También había muebles de madera muy oscura y veteada, con aspecto de ser pesados y caros. Una cajonera tenía la encimera de cristal transparente y se podía ver el contenido del cajón superior. Los cajones estaban forrados de tela satinada, brillante, más claro que el color de las paredes, como si fuera seda o algún tejido lujoso.

La verdad es que más que a una tumba, recordaba a la estética de un ataúd. Dentro había objetos que se supone que eran recuerdos de quien fuera el finado… O finada, porque aparte de estar mucho tiempo yendo, viniendo y haciendo cosas, no tengo ni la más remota idea de quién era.

Como decía, se trataba de un espacio subterráneo, y por lo que puedo recordar, se accedía a través de un túnel vertical. La estructura general era como la de una mastaba. Pero no recuerdo nada de cómo era el exterior, ni de cómo se entraba y salía de la tumba al ser la entrada un simple pasillo vertical.

Lo que más recuerdo es que todo parecía muy elegante y la pintura estaba perfecta. Las molduras estaban totalmente blancas y relucían. Había detalles de mármol blanco. Todo estaba cuidadísimo, al extremo.

Pero no tengo ni idea de cómo llegué allí, ni de cómo salía y entraba de la tumba, ni de cuáles eran realmente mis funciones o la relación con la persona fallecida. De hecho, tampoco recuerdo que hubiese nadie enterrado al final. Era como una vivienda pero… para muertos. Como un ataúd de 40 metros cuadrados. ¿A lo mejor la muerta era yo?

white bust on brown table
Photo by Tima Miroshnichenko on Pexels.com
Compartir:

Travesuras con un teclado voluminoso

Hoy el sueño iba del típico teclado grande de PC tan diferente al que estamos acostumbrados los maqueros.

Era negro, grande, aparatoso, incluso más de lo habitual, porque las teclas inferiores terminaban en una especie de curva. Era como si tuviera el borde exterior redondeado y las teclas siguieran esa redondez. Los caracteres estaban pintados en blanco.

La cosa es que me daba cuenta de que algunas letras y símbolos estaban en sitios diferentes y estaba perpleja mirándolos. No podía entender qué había pasado con mi teclado. Entonces aparecía mi madre diciendo que quizá había sido ella, que no se había dado cuenta y que había colocado esas teclas como mejor se le ocurrió. La cosa es que ella jamás ha tocado un teclado, ni un ordenador en realidad. No tiene internet. Vive ajena al mundo digital.

Entonces yo me ponía a sacar las teclas y seguía perpleja, pero no por la situación, sino porque algunas teclas no se podían poner donde estaban colocadas por el diseño redondeado de algunas de ellas. Y así estaba dándole vueltas al teclado en el aire, mirándolo por todas partes, cuando me desperté.

Me gustaría saber qué más había pasado pero esta poca cosa es lo único que recordé.

Imagen de un teclado común en plástico negro, de teclas grandes y con las letras y símbolos en blanco
Compartir:

Detrás de la puerta, en mi antigua casa

Me he dormido en el sofá unos pocos minutos y han bastado para viajar unos 30 años atrás a un momento ficticio en mi antigua casa.

Lo más curioso de todo es que, en el mundo de los sueños, todo es “tal y como era”, aunque sea mentira. Es decir, al despertarme estaba asombrada de recordar ese cuartito de la entrada con todo lujo de detalles. Pero cuando me he puesto a recordar esos detalles que “acababa de ver”, no existían verdaderamente en mi memoria. 

Los recuerdos que tenemos son una mezcla de realidad con emociones y sensaciones que asociamos en su momento a esos pocos detalles reales que nos llevamos en verdad del lugar. Y que se van perdiendo con los años.

Me acordaba de un mueble metálico en el cuartito de la entrada de mi antigua casa que tenía dos cajones, pero no de lo que tenía encima. Recordaba la escalera empinada que pasaba sobre el mueble metálico, pero no de cómo comenzaba la escalera. Tampoco de qué había entre el mueble y la escalera. Una estructura deforme que no sé concretar estaba allí. Pero no hay forma de descifrar qué era en realidad. Supongo que en ese hueco, de un tamaño ahora desconocido, hubo todo tipo de cosas y a la vez ninguna. 

Y lo más gracioso es que en el sueño me escondía detrás de una puerta que no tengo muy claro que estuviese allí. 

Una vista lateral de una escalera antigua en una casa
Compartir:

Berenjenas y cuchillos

He tenido una pesadilla con cuchillo incluido en un supermercado. Bueno, era más bien una espada o una daga.

Estaba donde la verdura, comprando berenjenas. Había unas ya cortadas en bastones y peladas, pero venían en un envase de plástico y eran más caras. Así que acabe comprando las “normales” porque no merecía la pena comprar las otras. En esto, llega un comercial que estaba promocionando su mantel con la frase “¿le gusta comer en un mantel con manchas?”. Resulta que era un mantel en el que había marcados unos círculos indicando donde tenías que poner los platos para que quedasen bien colocados, sea lo que sea eso. La cuestión es que fui a verlo (era gratis) pero las marcas tardaban en borrarse SIETE HORAS, por lo que al final, sí que comías en un mantel con manchas, así que el reclamo no tenía mucho sentido. Además regalaban el de dos personas, que era pequeñito. ¿Tanto jaleo para poner solo dos platos?. Bueno, al final compré las berenjenas fritas y me llevé el dichoso mantel.

De camino a la caja

Me dirigí hacia la caja con mi bolsa de nuevo, porque al parecer ya había comprado antes y estaba volviendo una segunda vez, no sé por qué. Había una mujer pagando que estaba tardando mucho, hablando con la cajera, y remoloneando, pero al final puse mis cosas en la cinta. También había un envase de “mix de embutidos y queso” que no era mío, pero que me lo podría llevar porque tenía buena pinta.

happy couple buying groceries
Photo by Jack Sparrow on Pexels.com

En la cola, detrás de mí, había una pareja mayor que se me estaba acercando cada vez más y más. La mujer de delante no se acababa de ir, por el motivo que fuese, y me estaban encerrando entre todos, me sentía muy agobiada. Estaba casi en cuclillas en el suelo porque todos se me echaban encima. Así que me levanté de repente y los aparté a todos hacia afuera estirando los brazos y pidiendo por favor que se alejaran un poco, porque no estaban respetando la distancia y estaban muy encima.

Entonces el hombre de la pareja mayor se empezó a poner violento y estúpido y se formó un tumulto en la caja. Empezó a haber un montón de gente. Y de repente apareció un tipo gigante, que parecía un “Djinn” con turbante y todo, que empuñaba un gigantesco cuchillo curvo y muy oxidado mientras iba hacia mí y yo trataba de evitarle, caminando hacia atrás alejándome de la caja. Mientras me miraba fijamente me agarraba con una mano, y con la otra ponía el cuchillo en mi cadera y comenzó a hacer un movimiento de sierra con todas sus ganas. Afortunadamente el cuchillo no tenía apenas filo, pero le estaba dando con tanta fuerza que empezó a conseguir hacerme daño. Mientras tanto, yo le miraba fijamente a los ojos y mantenía la calma tratando de convencerle de que se calmara, porque parecía que estaba desequilibrado pero podría hacer que soltara el arma.

El terrible final

Finalmente lo conseguí y la gente se le echó encima para detenerle, pero ya se podía ver la sangre traspasando mi ropa. Me acompañaba mi amiga M (que vive en Galicia). Ella trataba de animarme, pero entonces se acercó el cretino de la pareja mayor, haciendo una imitación nada apropiada del atacante, riéndose de mí y simulando que me clavaba el cuchillo, mientras yo empezaba a babear y perder la consciencia. Recuerdo al final del sueño caer bocabajo, echando baba y sangre por la boca, mientras mi amiga gritaba que no podía ser que muriese así. Y yo pensando “pero si estoy bien, no entiendo por qué no puedo moverme bien” mientras me desangraba. Y ahí me desperté. ¡Vaya sueño!.

cuchillo o daga
Cuchillo Kukri
Compartir:

Pandemia y sueños pandémicos (2)

Esta vez he soñado con otro tipo de pandemia, que ojalá no llegue nunca. Era más bien un Apocalipsis al estilo zombie.

Una imagen que representa para mí la pandemia zombie, con seres medio muertos, medio vivos, que intentan entrar por una puerta medio rota

Al parecer, el planeta estaba afectado por una infección zombie que se iba acercando cada vez más a mí. La probabilidad de que me alcanzase era cada vez mayor. Las personas infectadas quedaban en una especie de limbo de la consciencia vagando por siempre sin recordar quienes eran, atacando a los demás y esparciendo la infección.

Ante esto, en el sueño tuve que decidir cómo afrontar lo que venía y qué iba a pasar si yo no estuviese. Decidí irme de casa. Esta vez mi casa era una vez más la de siempre. Ya no recuerdo muchos detalles, pero sí decidir por ejemplo si dejar las puertas abiertas para que los gatos pudiesen buscarse la vida, porque no me los iba a llevar conmigo en mi huida. También estuve dándole vueltas a qué iba a hacer con mi madre. No sabía si acercarme a despedirme o no, por si se había transformado ya y pensé en si encerrarla para que resistiera más tiempo segura, si estaba bien. O si no acercarme en absoluto. O cómo controlar su estado remotamente.

La verdad es que fue un sueño terrible y tomé decisiones terribles que ahora no entiendo. Pero era el fin del mundo y la gente corría como loca de aquí para allá, huyendo y escondiéndose para intentar sobrevivir un día más. Mi yo del lado onírico lo daba todo por perdido y trataba de salvar los muebles… los mínimos posibles.

Compartir: